Una escena de origen
Antes de conocerme, ya estaba enseñándome a llegar bien al mundo.
Me contó que, para recibirme el día en que nací, se arregló con especial cuidado antes de ir al hospital. Quiso estar muy bien presentada para ese primer encuentro. En esa imagen reconozco algo que me ha enseñado siempre: hay momentos cuya importancia también se honra en la manera de prepararse para vivirlos.
Mi primera nana fue la madre de una de sus mejores amigas. A esa amiga la considero una tía. Así comenzó para mí una red de afectos elegidos: amistades que, por el cuidado y la permanencia, terminan ocupando un lugar verdadero en la familia.
